Cada primavera me encuentro paisajes llenos de flores amarillas, por todos lados: en Italia, en Dinamarca, en España. Por todos lados ! !
Al principio, mi cerebro patinaba un poco, porque veía dos plantas muy parecidas: una en campos que se delimitaban perfectamente unos de otros, y otra, casi igual, que crecía espontáneamente, pero que explotaba en todos los campos y caminos, casi de la misma manera, pero libremente. Además, la que estaba ordenada sabía parecida a la otra, como a brócoli amostazado. Solo que la que crecía de manera espontánea tenía un sabor mucho más fuerte.
La colza es la que siempre está bien ordenada, ya que se planta en los campos principalmente para dejarla secar y prensar las semillas de sus vainas y así conseguir el aceite de colza (que, personalmente, yo uso mucho). La planta también se puede usar en cocina, aunque nunca la veo. En la cocina china, japonesa o india sí que se ve más, también en súper restaurantes del norte de Europa. Yo, en Japón, la cocinaba como guarnición a diferentes pescados.
Sin embargo, el jaramago, que es la planta de la que vamos a hablar, es un infiltrado en los paisajes agrícolas y en los campos. Tradicionalmente se ha utilizado en zonas mediterráneas, aunque ya no se vea. En España existen recetarios que usan el jaramago en pucheros con garbanzos y otras legumbres, algo parecido a los pucheros de hinojo. También aparece en ensaladas, revueltos y demás. En Italia me comentaban recetas como pestos rústicos, picado en sopas en el Piamonte, o salteando las hojas como acompañante para carnes o pescados. Y este rollo.
A mí me flipa porque las flores, inflorescencias apretadas, tienen un sabor a brócoli mostazado fuerte, y las hojas tienen un sabor mucho más a mostaza y una carnosidad parecida a la espinaca cuando están tiernas.
Yo suelo cocinarlas, tanto las hojas como los cúmulos de flores, echando un dadito de mantequilla salada y un chorrillo corto de aceite de oliva a la sartén. Dejó que la mantequilla se derrita un poco, luego añado las hojas y, a los 15 segundos, un poco de caldo dashi, un caldo de pollo o de pescado, o agua con sal, lo que tengas que esté rico. Tapo 30 segundos, que se cocine y evapore el caldo, y ya estaría. Queda verde, terso y con un saborazo. Para mí, así, es un acompañamiento de lujo para carnes y pescados a la brasa.
¡Pero vamos, que se puede utilizar de un montón de maneras! Otra cosa que me encanta hacer es una mayonesa verde con las hojas. ¡MUY TOP! Básicamente porque queda verde verde y sabe a mostaza que alucinas. Ya sea haciendo un aceite verde de jaramago previo o echando las hojas directamente al hacer la mayonesa, que es como lo hago si no quiero ser muy delicao.
RECETA: Mostaza de semillas de Jaramago
INGREDIENTES
100 g semillas
100 g agua
4 g sal
20 g aceite
15 g miel
15 g vinagre
1 ciruela
PASOS
Con las semillas de jaramago se puede hacer una mostaza silvestre. En zonas más frías, como el norte de España o los climas atlánticos, no se puede hacer, ya que las vainas no crecen tanto y, sobre todo, no se secan bien. Pero en el Mediterráneo o en climas continentales, hacia agosto, el jaramago se queda tieso. Se seca, y es entonces cuando puedes recolectar un buen puñado de vainas y encontrar sus semillas negras. Estas son como las de mostaza y se pueden utilizar igual. Además, se recolectan en un pispás.
En vez de hidratar y fermentar las semillas en una salmuera al 3 %, puedes utilizar el caldo de alguna salmuera o fermento láctico que tengas en marcha y que le vaya bien, o simplemente usar agua para remojar las semillas durante la noche en la nevera. ¡Queda muy bien de todas formas! Verás que, tras la noche, las semillas se habrán hidratado y estarán un poco gelatinosas (mucílago), y así las puedes colar y empezar a moler en un mortero, una Thermomix o algo similar, añadiendo primero un poco del líquido de remojo, luego un poco de aceite de oliva para emulsionar, miel para el dulzor, un chorro de vinagre para la acidez, pimienta, sal al gusto, y a mí me gusta añadir también un poco de ciruelas frescas o de melocotón.
Esta mostaza es superfuerte, del tipo que te sube directo al cerebro, como el wasabi. A mí me encanta. Por ejemplo, para acompañar brochetas a la parrilla estilo yakitori, ¡me parece una pasada!
El jaramago es una de esas plantas que están ahí, que nadie mira, pero que a mí me flipa utilizar. Y ojalá cada vez se use más.
En el campo, el jaramago se ha utilizado contra la tos o la garganta irritada, haciendo simplemente un té con ella en fresco o en seco. Es por eso que antiguamente se le llamaba la hierba de los cantores.