Arraigo Granada es el proyecto de Isaac en su finca familiar en Los Guájares, Granada.
Los Guájares se encuentran a pocos kilómetros del mar Mediterráneo, cerca de Motril y la Costa Tropical. La cercanía del mar y la protección de la Sierra de Lújar y Sierra Nevada generan aquí un microclima que se siente nada más entrar al valle.
Recuerdo llegar desde Granada en mitad de una semana fría de enero, cuando todos los almendros estaban dormidos por toda España. Al llegar al valle, sin embargo, vi que aquí ya estaban en flor y sentí el clima templado.
En los Guàjares los inviernos son suaves, con una ausencia casi total de heladas y una humedad más alta que en los alrededores.
A esto se suma una herencia andalusí que todavía se aprecia en el paisaje: terrazas y acequias que distribuyen el agua y dibujan sus pueblos.
En la zona hasta mediados del siglo XX, los campos estaban repletos de almendros, algarrobos, olivos y alguna que otra viña, como en tantos otros lugares de España. Una agricultura ligada a economías familiares.
Pero el éxodo rural de los años 60 a los 80 dejó estos pueblos bastante vacíos. Y es en ese contexto cuando la familia de Isaac y muchas más comenzaron a plantar aguacates, mangos, chirimoyas, caquis, nísperos, papayas, guayabas y demás frutales que décadas después siguen dando fruto. Un cambio hacia cultivos con mayor rentabilidad en un momento en el que la agricultura tradicional ya no era económicamente viable.
Últimamente el auge del aguacate, especialmente en la Costa Tropical granadina y en la Axarquía malagueña, ha generado debate. Es un cultivo que necesita mucha agua y su expansión intensiva, en un contexto de sequías, ha generado problemas hídricos y una conversación sobre este modelo agrícola.
En Los Guájares el debate también existe. Isaac comenta que, cuando volvió de Barcelona hace unos cinco años, tenía claro que quería trabajar el campo de una manera que no lo dañara, no solo porque sabía que a largo plazo comenzaría a ver las consecuencias, sino por sus propios valores y su manera de entender el campo.
En Los Guájares el debate también existe. Isaac comenta que, cuando volvió de Barcelona hace unos cinco años, tenía claro que quería trabajar el campo de una manera que no lo dañara, no solo porque sabía que a largo plazo comenzaría a ver las consecuencias, sino por sus propios valores y su manera de entender el campo.
Es así como comenzó a recuperar el suelo y a apostar por una agricultura regenerativa, evitando el uso de fertilizantes y pesticidas. “ Aunque no siempre se puede”, comenta, y cuando lo hace, recurre a certificaciones ecológicas para no perder la cosecha.
Muchas de las labores que cuidan tanto los frutales como el suelo son trabajosas, como pintar los árboles que están expuestos al sol con cal blanca, al igual que las casas, para que el verano los agote menos, o recoger la fruta manualmente.
Una de las labores importantes del oficio de Isaac y que ha implantado en los últimos años es que en primavera, en la época de poda, todos los restos, troncos, ramas, hojas y demás, se cortan, se trituran y se devuelven a la tierra.
Esto hace que el suelo se enriquezca de materia orgánica y genere una mayor cantidad de microorganismos y retenga mejor la humedad, reduciendo el uso de fertilizantes y la cantidad de agua necesaria para este tipo de cultivos.
Y asi es la finca, una suma de pendientes en las que crecen frutales entremezclados con legumbres como las habas que ha plantado Isaac para que aporten nitrógeno al suelo, verdes verdes.